La gente a mi alrededor es algo hipócrita,
la mayoría del tiempo...
Y de verdad que puedo decir que todos,
sin temer a equivocarme.
Pero no importa en realidad,
ya que desde siempre una debe saber que no debe esperar nada de nadie;
que me tengo a mi,
y que con eso me basta y sobra.
Que las cosas y personas que me entregan las circunstancias,
siempre son bienvenidas,
claro; siempre esperando a que se vayan como llegaron.
Aunque las personas que uno quiere conservar nunca perduran,
y las que nunca realmente fueron bienvenidas siguen ahí.
Y no llegare a ser lo que ellos son, y esperan de mi.
No hablare con personas por amabilidad,
ya no; eso no trae nada bueno ni conveniente.
Siempre creí que contestar por respeto,
era mi porcentaje máximo de amabilidad,
y el único que podría ofrecer,
pero en realidad no tengo que hacerlo.
Las palabras se quedan en el momento,
y en verdad no importa lo que digas,
nunca serán captadas como uno quiere.
Las personas solo escuchan lo que ellas quieren,
y miran y tocan y gozan con costumbre mediocre de esta sociedad.
Donde uno es llamado pensador de mente dividida;
causando un efecto en las personas por el simple hecho
de escupirles en la cara la verdad.
No quiero eso,
ni esto.
No quiero andar por la calle,
y que puedas verme y saber de mi existencia.
Y es que en realidad:
no quiero ser recordada.
Así que:
Me tengo a mí: aquí.
Con trastornos y la poca claridad mental que tengo.
Me tengo aquí, loca,
y viva aun...
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